9.18.2005

Refritos y chatarra para niños.


Por Lizeth Garcia Peña
Lizethgarciape@yahoo.com.mx


En el 2002 México ocupaba el segundo lugar (después de Croacia) en horas-niños frente al televisor con un consumo en promedio de 300 minutos diarios, que al año suman mil 800 horas.
El 50 por ciento dela producción nacional de televisión para niños lo realiza Once TV, con un presupuesto equivalente a sesenta centavos anuales por niño mexicano. En aquel entonces había cerca de 30 millones de niños.



En dos o tres ocasiones he visto a mi hijo frente al televisor, muy entretenido viendo las caricaturas de Pokemon, Blade, Yu Ghi Ho, o el antiquísimo programa de “El Chavo del Ocho”. Así también a mi pequeña hermana la he encontrado cantando y escuchando el disco de la “Chilindrina”, lo que me hace recordar cuando yo tenía mas o menos la misma edad, y los lunes ya estaba lista para ver “Chespirito”.

Es preocupante la pobreza de los programas infantiles, pero más alarmante es que no haya una política educativa que infiera en los contenidos, para que, por lo menos, no se naturalice la violencia, el individualismo y el consumismo. A esto se le suma la poca creatividad en las producciones nacionales. En primera instancia, Televisa acapara más del 80 por ciento de las concesiones del país. Esta empresa, con lo poco que invierte en producción de programas infantiles (comparado con lo que emplea en tiempo y dinero en telenovelas) ofrece una programación sumamente deplorable, enfocado al anuncio de productos dirigidos a los niños.
En las producciones de las series infantiles, el formato suele ser de dos formas: el concurso y presentación de artistas o pequeñas historias donde el bien y el mal se enfrentan. Cualquiera de las dos presentaciones están inundadas de comerciales y menciones dentro de los programas, fomentando el consumo irracional en los pequeños.

Los programas que han predominado por varias décadas son “Chabelo”(o chabuelo , como quieran llamarlo), con sus concursos simples y llanos, y el “El chavo”, que ya no producen episodios, pero que trandmiten los capítulos de la década de los setentas (dicho programa fue premiado el año pasado por la asociación civil “A favor de lo mejor” por ser una serie con un sentido del humor blanco), programa cae en la idiotez. Televisa, a falta de imaginación, recurre a los éxitos de antaño.En el caso de TV Azteca ni siquiera se ha preocupado por producir series para los pequeños, simplemente porque no es su público.

Hago mención de estas dos empresas porque son las que dominan el mercado de la televisión abierta. Sin embargo, algunos canales culturales hacen el intento de llevar a cabo producciones con un estudio previo sobre sus contenidos, que se acercan a la realidad mexicana o simplemente a la vida cotidiana de los infantes.

Tal es el caso del Instituto Politécnico Nacional, que durante varios años ha hecho programas que tratan sobre la cotidianidad de la vida y los problemas a los cuales se enfrentan los niños, o la posibilidad de interactuar con propuestas para los programas. Las producciones que recuerdo son “Bizbirije”, “Mi gran amigo”, “Camino a casa” y “El diván de Valentina”, con temáticas dirigidas a niños de diferentes edades.

Las grandes empresas que manejan la televisión abierta, han optado por dar prioridad a la comercialización y a las ganancias que puedan obtener de ésta, al contenido no es importante.
La pregunta aquí es ¿cómo rebatir la insolencia de los programas superfluos y netamente consumistas, cuándo las leyes lo permiten?

En Canadá, el gobierno legalizó que el 60 por ciento de los programas que se transmiten por los canales deben ser producción nacional. Para impulsar ésta ley, se estableció el Fondo Canadiense para la Televisión, el cincuenta por ciento de los recursos proviene de los impuestos de los ciudadanos y la otra mitad de los impuestos se les cobra a las televisoras de cable y satélites por ocupar espacio aéreo. A esto se le suma que no se pueden transmitir publicidad en los programas dedicados a los menores de seis años.

Cerca de un mes, Venezuela activa una ley semejante, cerca de lo que los canadienses ya tienen en la practica. La Ley de Responsabilidad Civil de Radio y Televisión “Ley Resorte”, en el cual estipula a los medios audiovisuales a transmitir el 50 por ciento de producción nacional, y 90 minutos al día de espacios dirigidos a niños y adolescentes, incluyendo a los canales que se especializan a la transmisión de noticias.

Nosotros seguiremos con el “Chavo” y “Chabuelo” ante gobiernos indolentes y despreocupados por la niñez de México, mientras los programas dan cuantiosas ganancias.

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